
¿Recuerdan el banquito a lo Gaudí que mostramos hace un tiempo? En la calle Pirovano en Barrio San Martín. En el techo veía algo más. Juana, la dueña de casa, me mostró la terraza.

Todo el adormo de la terraza lo hizo mi esposo Carlos que ya murió, era descendiente de alemanes, me dice.

Cuando se jubiló del correo se puso a trabajar en esto, aunque él no sabía nada de albañilería, tuvo que aprender, me agrega con orgullo.

Antes había probado con un almacencito aquí en el barrio, pero no nos fue bien, él era feliz trabajando en esto. La casa era muy chiquita cuando la compramos y él la fue ampliando.

Hubiese visto su alegría cuando volvía con su carrito, el del supermercado, lleno de azulejos. Se conocía todos los lugares donde iban los camiones de las demoliciones.

Esos bancos quedaron hermosos. Ah, ¿que significa eso que puso en el diario con el banquito de la entrada: a lo Gaudí? Ahora a esto lo cuida mi hijo. Se fija si se desprende algún azulejo y pinta también.

Al final ya empezó a ponerle azulejos a todo, al interior de la casa, a los muebles: Fíjese esa mesita de la radio. Y eso que le costaba porque se estaba quedando ciego. Un día, al final, sentado en la cama me dijo: Veo todo con azulejitos.
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